Mi experiencia en Anantapur

Cuando desde la Fundación Vicente Ferrer me pidieron que contara mi experiencia en la India, pensé que sería sencillo y que compartirla con otras personas podría ser muy gratificante. Sin embargo con el bolígrafo en la mano y ante el papel en blanco no resulta tan fácil expresar las emociones vividas, porque sobre todo, este viaje ha sido eso: un viaje de emociones, de sentimientos.

Mi aventura llegó en forma de regalo. Fui la ganadora de un sorteo entre cientos de personas de toda España que habíamos visitado el camión con la exposición “Mujeres: la fuerza del cambio en la India”, que explicaba el trabajo que se está llevando a cabo con las mujeres en Anantapur. Tengo que decir que el regalo fue doble, porque mi deseo por visitar la Fundación e incluso ir más allá y colaborar con un voluntariado se había despertado en mi varios años atrás. Pero encajar todas las piezas para poder realizar este sueño, no es tan sencillo como parece. Por ello,  al recibir la noticia de que me había tocado el viaje y podía visitar la Fundación fue para mi una oportunidad única que desde el primer momento viví como el regalo de mi vida.

Y así fue. La ilusión, los días previos al viaje preparándolo junto a mis padres que vinieron conmigo, sólo fue el preludio de toda una serie de vivencias que sí puedo plasmar en el papel, pero cuya dimensión sólo puede entenderse allí, in situ.

Conocer de primera mano a todas las personas voluntarias que trabajan por hacer mejor la vida de los demás,  descubrir, junto con el personal de la Fundación, cada uno de los proyectos y conversar con la gente de la India, cuando por nuestra cuenta visitamos Anantapur, es una experiencia de esas que se dice “no tiene precio”, no podría cambiarla por ninguna otra.

Y como colofón, guardamos para el último día la guinda de aquel pastel tan dulce que no hubiera querido acabar nunca: visitamos a nuestro niño apadrinado y a su familia.

El recibimiento fue espectacular, agasajándonos con todo cuanto ellos podían.

Ahora, cuando pienso en el viaje, es inevitable una sonrisa, asociándolo a una experiencia feliz, muy feliz y espero, sueño con que algún día pueda volver.

Gracias, mil gracias a todos cuantos hicisteis este sueño realidad.
Noelia